Peregrinar

Peregrinar

En cinco minutos la luna rugirá
y me hablará de tu vientre liviano,
de tu cadera como montaña rusa,
de tus ojos cafés llenos de anfetaminas.
Después se pondrá en posición fetal
cuando le cuente lo que he soñado,
diré tu nombre lleno de hielo,
nacerá en mi pecho águilas blancas
que se estrellarán contra las rocas
y volverán a nacer, como furias,
como maldiciones de una boca gitana.
Recordaremos tus caderas,
la luna las conoce,
el vaivén de tu pelvis
consagrado al infierno.

Abismo

Dejar ir es avanzar en el abismo.

Los instantes no son tan sombríos, solo que descifrar a la oscuridad requiere locura, no perder en el laberinto implica huir de los gritos del minotauro.

Las manos se adormecen después de la destrucción, cada granito de ira se va transformando en el caminito de la espiral hacia abajo. Hago la aclaración porque hay espirales que suben al cielo como el tacto de una mujer, como la cerveza.

Cuando vas bajando solo queda enfocarse en quien escribe la historia y qué técnica utiliza. Pueden haber muchos Caligulas escribiendo historias pero solo un romantico es capaz de crear el mito del hombre que se enamoró de la luna.

Y en el fondo queda el recuerdo de todos aquellos a los que has dejado para venir hasta aquí. Empieza la travesía de la supervivencia... no solo es economía, sino también es esquivar tantos dientes que te arrancar pequeños ecosistemas de tus pupilas. Si sigues creyendo vas a encontrar que el agua se muerde cada doscientos metros; sonríe, estás en una esquela diciendo "Feliz Navidad".

Mirada (XXVII)

Mirada (XXVII)

El mejor regalo que le podemos hacer a una persona, indiferentemente de su sexo o su situación... es el no juzgarla.