Composicion Teratologica

Composición Teratológica


I
Deseo ser pez viejo que pasa el riachuelo sin dificultad, de los que tiran las cañas de pescar y se sueltan de anzuelos con facilidad. Quiero ser un pez viejo que vive en el mar y que espera la luz de la luna para flotar y volar, tal vez un calecanto lejos de la pecera con toda la sabiduría africana y que todavía hace funcionar su cuerpo, teniendo como meta la libertad, esperando sentirse otra vez un número par.


II
La noche llama al pez espada. Surca el mar la tierra e inunda la poca consciencia de primavera. A veces quisiera ser pez globo, otras veces quisiera ser pez gato/león, pero vuelvo con los ojos en cada costado a contemplar que antes de ser pez, soy agua pura.


III
"Luchar más fuerte no significa ser el mejor." dijo la Mantis religiosa antes de arrancarme la cabeza mientras movía mi pene en su vientre.


IIII
Antes me creía la serpiente, ahora sé que ella habita en mí. Recorre mis ríos y pasea entre mis estados de ser


V
En mis sueños, hay iniciaciones de varios espíritus. Se congrega el cuervo joven, el zorro niño, la Mantis Religiosa vieja. Cada uno se me acerca y me da una prueba a desarrollar en la vida. Acá es donde me despierto y sus voces retumban en mi cerebro. Y me asusto al escuchar lo que todos quieren de mí: desean mi muerte o mi iniciación.


VI
Algunos somos presas de serpientes. Algunos nos movemos por nuestra entrepierna...

Compasion

Compasión

Sabes, creo que lo difícil no es opinar acerca de algo, sino permitirnos una opinión compasiva. Por eso es difícil dejar de decir que la gente es estúpida. Supongo que preferimos ser esclavos de nuestros miedos a ser poseedores de ternura y compasión. Vamos al frente de las mejores causas como el vegetarianismo, antitauromaquia, consciencia del yo y todas las otras formas de alcanzar una felicidad a través de nuestros ideales, pero no podemos vernos a los ojos mientras hablamos con un extraño. Inclusive pensamos que leer es un acto sublime en el cual se obtiene un conocimiento que nos convierte en seres cultos. Nos hemos perdido en la trampa de ser mejores personas negándonos ser seres humanos. Todavía me cuesta entender por qué los demás son estúpidos según tu criterio, y todavía más, no entiendo cómo carajos puedes decirlo ignorando todos los errores que has cometido en tu vida.

Caligula - Albert Camus (Apuntes)

Calígula - Albert Camus (Apuntes)


EL JOVEN ESCIPIÓN. Lo mejor de mí mismo es el odio.


CALÍGULA (estallando, se arroja sobre él, lo toma del cuello y lo sacude). ¿Soledad? ¿Acaso tú conoces la soledad? La de los poetas y la de los impotentes. ¿Soledad? ¿Pero cuál? Ah, no sabes que nunca se está solo. Y que a todas partes nos acompaña el mismo peso de porvenir y pasado. Los seres que hemos matado están con nosotros. Y con ésos sería fácil. Pero los que hemos querido, los que no hemos querido y que nos quisieron, los pesares, el deseo, la amargura y la dulzura, las prostitutas y la pandilla de los dioses. (Lo suelta y retrocede hasta su sitio.) ¡Solo! ¡Ah, si por lo menos en lugar de esta soledad envenenada de presencias que es la mía, pudiera gustar la verdadera, el silencio y el temblor de un árbol! (Sentado, con súbito cansancio.) ¡La soledad! No, Escipión. La puebla un crujir de dientes y en toda ella resuenan ruidos y clamores perdidos. Y junto a las mujeres que acaricio, cuando la noche se cierra sobre nosotros y, lejos por fin de mi carne satisfecha, creo asir un poco de mí mismo entre la vida y la muerte, mi soledad entera se llena del agrio olor del placer en las axilas de la mujer que aún naufraga a mi lado.


QUEREAS. Porque tengo ganas de vivir y de ser feliz. Creo que no es posible ni lo uno ni lo otro llevando lo absurdo hasta sus últimas consecuencias. Soy como todo el mundo. Para sentirme liberado de ello, deseo a veces la muerte de aquellos a quienes amo, codicio mujeres que las leyes de la familia o de la amistad me vedan. Para ser lógico, debería entonces matar o poseer. Pero juzgo que esas ideas vagas no tienen importancia. Si todo el mundo se metiera a realizarlas, no podríamos vivir ni ser felices. Una vez más lo digo: eso es lo que me importa.


CESONIA (mirándolo con odio). No, ricura, pero lo que ignoras es que este hombre duerme dos horas todas las noches, y el resto del tiempo, incapaz de descansar, ambula por las galerías del palacio. Lo que ignoras, lo que nunca te has preguntado es en qué piensa este hombre durante las horas mortales que van desde la medianoche hasta la salida del sol. ¿Enfermo? No, no lo está. A menos que inventes un nombre y medicamentos para las úlceras que cubren su alma.


CALÍGULA (apretando poco a poco con el brazo la garganta de Cesonia). Tenlo por seguro, Cesonia. Sin ella hubiera sido un hombre satisfecho. Gracias a ella, he conquistado la divina clarividencia del solitario. (Se exalta cada vez más, estrangulando poco a poco a Cesonia, quien se entrega sin resistencia, con las manos un poco tendidas hacia adelante. El le habla, inclinado, al oído.) Vivo, mato, ejerzo el poder delirante del destructor, comparado con el cual el del creador parece una parodia. Eso es ser feliz. Esa es la felicidad: esta insoportable liberación, este universal desprecio, la sangre, el odio a mi alrededor, este aislamiento sin igual del hombre que tiene toda su vida bajo la mirada, la alegría desmedida del asesino impune, esta lógica implacable que tritura vidas humanas (Ríe), que te tritura, Cesonia, para lograr por fin la soledad eterna que deseo.