Hambre

Hambre

Hambre de toda clase, de parque y sol y sonrisas, de miradas muertas que se pasean, de conocimiento cristalino que se mezcla con pupilas. Hambre de esas que devoran el sueño y sacan espantapájaros y libros de bibliotecas públicas al borde de la acera, que resumen vidas en crispetas y dan ganas de evaporar cada neurona para disfrutar hasta acallarla.

Sordido

Sordido

Tan sórdido que la luna se esconde, que la sal se sale de la carne, que cada mirada se revuelve y se incomoda. Sórdido como una vinagreta de bbq, como un milagro en una orgía, como la sonrisa de un cajero. Sórdido en este día que se ven parejas a cada instante y mi amiga es dealer y mi amante es un árbol de cocaína.

Bogota (III)

Bogotá (III)

A las tres y media de la mañana, por Bogotá andan regados hermosos borrachos y todos nos miramos las caras con miedo, entras al SITP y te sientas sin saludar, ves las calles con esa paz que solo entrega la muerte y te bajas a seguir recorriendo Bogotá. A las cuatro y media de la mañana la gente sale a sus turnos de mierda, la cara es de solidaridad porque un ladrón está muerto del sueño para atracar, y las bicicletas pasan si estás en la 127 esperando que la misma noche te lleve a otros lugares. A las cinco y media de la mañana en Lourdes se ven caminar cuatro indigentes de lado a lado para que no se los coma el frío y te miran con ansias de pedirte algo pero pasas ignorándolos y llegas a casa con esa sonrisa de saber que la ciudad se sigue moviendo y que sobreviviste al trayecto, que la calle sigue sin quedarte grande y que diez horas se volvieron treinta y seis por una sonrisa de una sirena.