Lapso (12-Vasija-2013)

Lapso (12-Vasija-2013)

El sueño se volvió pesadilla. Ella se encontraba fulgurosa y rimbombante sobre la mesa de madera, temiendo el memorizante que las caricias tienen. Se postro lejos de mi vista roja. Traspasé la melancolía y me acerqué a sus pupilas con sigilo gatuno, guardando el aire pesado en mis pulmones para no perderme en su océano de in/recuerdos. Allí comprobé que todavía su voz se me hacía grave e histérica, estimulaba mis mejillas con espasmos violentoacusticos. Me acerque a su boca alquitravenosa , y antes de posar mis esperanzas, ella desapareció. La angustia me consumió ultrajando mi mente cavernosa, inundando los pocos espacios con sentidos pésames y hasta-nunca dolorosos. Ella, rimbombante como la recordaba, se volvió la cuasi-tristeza mis días...

Y desperté.

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Distorción

La pesadilla se volvió sueño. Ella se encontraba fulgurosa y rimbombante sobre la mesa de madera, temiendo el memorizante que las caricias tienen. Se postró lejos de mi vista roja. Traspasé su melancolía y me acerqué con sigilo gatuno a sus pupilas, guardando el aire pesado en mis pulmones, rogando no perderme en mi océano de in/sensibilidad. Allí comprobé que su voz se me hacía grave e histérica, estimulaba mis oídos con susurros violentoacusticos. Ella ya no causaba impresiones moradas, sino que ahora, agarrotaba los músculos de mi tranquila sonrisa. No existían las feromonas que alguna vez pulularon mi pecho.

Yo me concentré en pestañear y escuchar el zumbido aceitoso de mis demonios. Me disolví, viví y reviví la oniricidad que se hizo carne. La pesadilla se volvió sueño y la alquitravenosa boca no tocó mis almohadas. En ese instante los espacios siempre dolorosos se recogieron en posición fetal y el 21 de Abril fue mi mejor día. Mi humedad regreso a mis espasmos y mi corazón latió por el ensueño. Mis sentidos pésames no se hicieron presentes y mis soliloquios se volvieron compartidos y las gotitas de opio llenaron mis pensamientos vacíos.

Dios sonríe y las flechas se volvieron curvas.

Silencio

Silencio

La causa de mi silencio no es más que la felicidad que inunda mi callar. He encontrado dentro de mis huesos la escritura hecha sonido, y el sonido ultrajante a la cordura. O acaso, ¿qué loco realmente no quiere ser cuerdo?