Mirada (XIII)

Mirada (XIII)

Es necesario obviar lo pornográfico y encontrar lo erótico. Y en medio de mis delirios me contesto a la pregunta retorica que surge: lo erótico es lo inocente llevado de la luz a la oscuridad. Dejarlo todo y entregarse a la luz.

Vacío, somos seres destinados a ser escritos en el libro dorado.

Mirada (XII)


Mirada (XII)

La inocencia muerta es entregada a la luz. Los dedos entran en cada sexo mientras la mente se turba.

Amar es violentar el cuerpo, pensar es violentar el alma.

Ausencia

Ausencia

El mejor regalo que le puedo dar a alguien es mi ausencia. El motivo que me separa de algunos es solo el amor que les profeso a los buenos recuerdos, y cuando vuelvo, si es que vuelvo, puedo convertirme en un fantasma denso. La mejor ofrenda que le puedo entregar a los desconocidos es mi presencia, mis versos transmiten muerte, mis palabras que transmiten vida.


Si hablo de tomar el tren a media noche, no puedo decir que no lo tome a medio día. Si hablo de escuchar por un momento el arrullo del mundo, no puedo irme sin cerrar los ojos por un rato. Es que esto de ser cósmos hace que uno sienta tanto con tanta intensidad que a veces se olvida de su propia personalidad, y se concentra en solo desvanecerse.

Mirada (XI)

Mirada (XI)

Y si me disparo en la cabeza, sería una masacre lo que cometiera. Un suicidio apunta a destrozar una individualidad: si lo acometiese, sería destrozar a todo un universo.

Mirada (X)

Mirada (X)

Hay algunos, que la serpiente nos encarcela, y la entrepierna nos libera.

Al Lector (Ensayos - Montaigne)

Al Lector (Ensayos - Montaigne)

Lector, éste es un libro de buena fe. Te advierte desde el inicio que el único fin que me he propuesto con él es doméstico y privado. No he tenido consideración alguna ni por tu servicio ni por mi gloria. Mis fuerzas no alcanzan para semejante propósito. Lo he dedicado al interés particular de mis parientes y amigos, para que, una vez me hayan perdido —cosa que les sucederá pronto—, puedan reencontrar algunos rasgos de mis costumbres e inclinaciones, y para que así alimenten, más entero y más vivo, el conocimiento que han tenido de mí. Si hubiese sido para buscar el favor del mundo, me habría adornado mejor, con bellezas postizas. Quiero que me vean en mi manera de ser simple, natural y común, sin estudio ni artificio. Porque me pinto a mí mismo.

Mis defectos se leerán al natural, mis imperfecciones y mi forma genuina en la medida que la reverencia pública me lo ha permitido. De haber estado entre aquellas naciones que, según dicen, todavía viven bajo la dulce libertad de las primeras leyes de la naturaleza, te aseguro que me hubiera gustado muchísimo pintarme del todo entero y del todo desnudo. Así, lector, soy yo mismo la materia de mi libro; no es razonable que emplees tu tiempo en un asunto tan frívolo y tan vano.

Adiós, pues. Desde Montaigne, a 12 de junio de 1580.