The Devil's Advocate - Taylor Hackford) (Apuntes)

The Devil's Advocate - Taylor Hackford) (Apuntes)


El próximo milenio está aquí, a la vuelta. Eddie Barzon, fíjate bien en él porque es el chico modelo para el próximo milenio. Esta gente, sus orígenes no son ningún misterio. Agudizas el apetito humano hasta el punto en que puede dividir átomos con su deseo. Construyes "egos" del tamaño de catedrales. Conectas el mundo con fibra óptica a todos los impulsos del ego. Lubricas hasta los sueños más estúpidos con fantasías enchapadas de oro hasta que cada uno aspira a ser emperador, o a ser su propio dios. ¿Y luego, qué? Mientras corremos de un asunto al siguiente ¿Quién cuida al planeta? El aire se espesa, el agua se agria. La miel adquiere el sabor metálico de la radioactividad y el proceso sigue adelante, cada vez más rápido. No podemos pensar, prepararnos. Comprar futuros, vender futuros cuando no hay futuro. Tenemos un tren desbocado. Tenemos mil millones de Eddie Barzoon corriendo al futuro, listos para meter el puño en la vagina del ex planeta de Dios y lamerse los dedos antes de tocar sus primitivos teclados cibernéticos para sumar sus jodidas horas cobrables. Y de repente se dan cuenta: tienes que pagar tu propio pasaje, Eddie; es un poco tarde para zafarte. Tienes la panza muy llena, el pito adolorido, los ojos inyectados y pides ayuda a gritos. Pero ¿sabes qué? ¡no hay quién te oiga! estás completamente solo Eddie. Eres la criatura especial de Dios. Quizás sea cierto, quizás Dios tiró los dados demasiadas veces... quizás nos decepcionó a todos. 


—No te me pongas muy arrogante. Por muy bueno que seas. Nunca dejes que te vean venir. Ese es el error. Tienes que mantenerte pequeño. Inocuo. Ser el niño chiquito. Ya sabes, el torpe, el leproso, el pelele de la provincia. Mírame: subestimado desde el primer día. Nunca pensarías que soy el amo del universo, ¿verdad? Esa es tu única debilidad, hasta donde puedo ver.
—¿Cuál?
—Tu apariencia. El galán de Florida. ¿Qué es eso? "Disculpe señor, ¿dejé mis botas debajo de tu cama?"
—Los jurados tienen mujeres
—¿Sabes qué te falta?
—Te falta lo que yo tengo. Hay una chica hermosa, acaba de joder conmigo de todas las maneras posibles. Acabamos, va caminando al baño, tratando de caminar, se voltea, me mira, soy yo. No se la tiró el ejército troyano, solo yo, el chiquito. Pone una expresión de "¿cómo diablos pasó eso?". Yo soy la mano bajo la falda de la Mona Lisa. Soy una sorpresa Kevin. No me ven venir. Eso es lo que te falta. 


Libre albedrío, es como las alas de las mariposas: si las tocas, no pueden despegar. Yo solo preparo el escenario, cada uno tira sus propias cuerdas...


—Tengo muchos nombres,
—Satanás
—Tú llámame papá


—¿Dios? ese el problema ¿Dios? Mira, te voy a dar un poco de información de primera mano sobre Dios. A Dios le gusta mirar, es un travieso. Reflexiona. Le da al hombre instintos, te da un don extraordinario y luego, ¿qué hace? te juro, por diversión propia, para su propio rollo cósmico privado de chistes, pone las reglas en oposición. Es la gran broma. "Mira, pero no toques." "Toca pero no pruebes". "Prueba, pero no tragues". Y mientras estamos saltando de un pie al otro ¿Qué hace Él? ¡Está riéndose a carcajadas, el muy enfermo! ¡Es un mojigato! ¡Es un sádico! ¿Venerar eso? ¡Nunca!

—¿Mejor reinar en el infierno que servir en el cielo?

—¿Por qué no? He estado aquí, abajo, con la nariz en el suelo desde el principio. He proporcionado todas las sensaciones que el hombre ha buscado. Le he suministrador lo que ha querido y nunca lo he juzgado. ¿Por qué? Porque yo nunca lo rechacé, a pesar de sus imperfecciones. ¡Soy un admirador del hombre! Soy un humanista. Quizás el último humanista. ¿Quién, estando en sus cabales, Kevin, podría posiblemente negar que el siglo XX ha sido completamente mío?


La virtud del diablo está en su pubis.

Rayito de sol

Rayito de sol

Partamos de la idea de que todo está jodido. Y no, no es que yo hoy me quiera cortar las venas o de que sigo triste, solo déjame mostrarte la idea: Todo está jodido. Y el viento solo sopla, y el sol quema, y el agua no basta para calmar la sed; cosas tan básicas como esas hacen que el camino se vuelva una continuidad de momentos sin importancia. El lado positivo de todo esto es que no tienes que arreglar nada. No eres el héroe de esta historia porque si todo está jodido no puedes hacer nada para remediarlo. Por que así lo intentes, todo estará jodido como siempre ha estado desde que respiraste por primera vez. Y por más que trates de hacer todo seguirá jodido. Ella seguirá rota, tratando de enamorar tipos para después botarlos a la caneca, aparentando que no tiene la culpa de nada porque con su propia culpa ya está destruida. Él seguirá buscando amor en cada palabra para llenar su vacío, preferirá contemplar hacia afuera porque es más fácil dilatar las pupilas que su alma. Y si todo está así, no te preocupes, vamos, solo respira, no le temas al fracaso de vivir, porque ya fracasaste desde que respiraste por primera vez. Inhala y exhala, este es tu Yo fracasado llevando un proceso químico para no terminar en la morgue. ¿Y para qué vives? Sigue respirando, da igual que todo esté jodido. Siempre puedes reírte y pensar que son patrañas, enamorarte de un perro o de un niño, llenar el vacío con miles de cosas como una casa o un buen polvo. Ahora que sabes que todo y todos estamos jodidos, puedes respirar con tranquilidad. Nadie está realmente a tu alrededor. Eso es libertad.

Encuentros literarios (I)

Encuentros literarios (I)

Me decían que el escritor resuelve su escritura a través de una técnica, que no hay que estar jodido todo el tiempo para escribir y por lo tanto era importante que yo sonriera. Yo pensaba ¿acaso estoy jodido todo el tiempo y no tengo momentos de felicidad? ¿Será que Rimbaud, Moliere y otros escritores estuvieron todo el tiempo jodidos? y me reía con mis dientes de lobo, y me decía para mis adentros que quisiera ver lo que escriben, ese ideal de escritos que una persona puede producir sin sentir en el instante lo que hace, aplicando una metodología pero sin una emoción, porque la escritura se hace desde el cerebro, igual a como una ingeniería aplica una ciencia exacta. Y me seguía riendo con los dientes de lobo mientras miraba a dos niñas, leo y acuario, mientras les preguntaba por su vida y sus tristezas... y parecían que entendían con más humanidad que los escritores... parecía que ellas me podrían decir todo lo que me faltaba saber de la vida a través de sus cuerpos...

Proposito

Propósito

Nunca he sido bueno para algo en mi vida, ni siquiera cuando hago de malo lo hago bien. Ella me lo decía: no eres bueno para mí, solo me desestabilizas. Y yo pensaba en el volcán y sus arrebatos que vuelven fértil a la tierra. O en el lobo que come al ciervo para que la vegetación vuelva a nacer. Y sonreía con tristeza pensando en el papel que estoy asumiendo en el universo, porque nadie quiere a un volcán, y los lobos son odiados por los ciervos.

Momento de Memoria: Derecho al reclamo

Memoria: Derecho al reclamo

Cuando usted reclama lo suyo lo tratan de miserable. Lo peor, entre todos lo declaramos miserable.
Señor lector, ese excedente que le cobran demás en el bus, en el supermercado, o en los recibos de los servicios, es dinero que le están robando. Y si usted permite que lo roben, es problema suyo. Sin embargo, cuando usted cuestiona al otro por reclamar sus derechos, está siendo participe del robo.

Así ocurre con el silencio de los que no quieren pedir la silla azul, con el que le saca la billetera al otro por "necesidad" de mantener su hogar, por el miedo a ser condenado por exigir lo mínimo que se le puede pedir a otro ser humano. Dejemos de preferir ignorar por miedo a ser juzgados...

Galeano (13-Toro-2015)

Galeano (13-Toro-2015)

Galeano murió, no hay tumba que pueda contener tanta placenta de barro, ni león que pueda escribir su historia. No es una estrella de rock, pero seguramente sus libros iluminan el firmamento. Inclusive el hombre cocodrilo lo llora dentro del estómago de la mujer que lo devoró mientras entra el sol en las ventanas a la mar.
Del fútbol no soy hincha pero por unos momentos pude revivir la pasión que desemboca ver veintidós hombres en un campo. No puedo dar abrazos a los muertos, solo puedo leerlos y sonreír por un tiempo mientras escarbo en las memorias que dejó de Latinoamerica para el mundo. Ojalá su historia no se pierda tan pronto.

Espiritualidad

Espiritualidad

Muchos argumentan que Dios nunca existió. No lo ven, no lo sienten, esperan que aparezca y los abrace con la ternura con la cual es descrito en el nuevo testamento. 
Por mi parte, yo sí creo que existe, solo que es un tipo muy tímido. Se esconde en un árbol vuelto libro, en unas piernas largas, en un pene erecto o un culo pomposo, en un ruiseñor que canta encerrado entre las costillas del poeta muerto, en una milonga que se empolla dentro de un bar de mala muerte y es entonado por un hombre triste de traje gris que sale por las mañanas directo a su casa a masturbarse un rato solo. Dios es la sonrisa de una mujer que le gusta la luna y la observa cada noche con la esperanza de volverla eterna. Es el sol, el infierno.

A veces, pienso que posiblemente Dios se fue a otro multiverso y dejo todo estas sensaciones para que no sea olvidado. Hasta allá no llega mi conocimiento, Y sin embargo, de que existió, existió.

Mandragora (IV)

Mandragora (IV)

A las tres de la mañana las brujas me recuerdan que debo deshacerme de tanto fantasma que ronda mi cabeza...

Mirada (XVIII)

Mirada (XVIII)

Ante los ojos de la eternidad toda causa es perdida. Toda construcción es nula. Todo instante es muerto.

Alcohol

Alcohol

Un ángel me visita en las noches
me hace el amor tiernamente
con su lengua triperina
y me entrego
a sus risos negros
a sus ojos ciegos

Después de penetrarme
me pide que los mate
que devore el miedo
como pan de avellana
y acaricia mi coño
y mi pene

Me besa con alegría
con sus rayos de luna
y en mi corazón
hay un colibrí muerto
que se vuelve zombi
cuando me abraza.

Dance Dance Dance - Murakami - 1988 (Apuntes)

Dance Dance Dance - Murakami - 1988 (Apuntes)

Cásate con una mujer de la luna y crea con ella una estupenda familia de lunáticos”, me dice con dulzura. “Es lo mejor que puedes hacer.

Por otra parte, hay personas que se ven arrastradas por esa cabalidad que llevo dentro. Son escasas, pero existen. Esas personas —sean hombres o mujeres— y yo nos atraemos y después nos alejamos con toda naturalidad, como astros errantes en el oscuro espacio del cosmos. Vienen a mí, se relacionan conmigo y un buen día se marchan. Se convierten en mis amigos, mis amantes, mi mujer. Algunos también pueden volverse enemigos. Pero, al final, siempre se alejan de mí. Se rinden o se desesperan o se quedan callados (aunque se abra el grifo, ya nada sale) y se marchan. Mi vivienda tiene dos puertas. Una de entrada y otra de salida. No son intercambiables. No se puede salir por la entrada o entrar por la salida. Así está establecido. La gente entra por la entrada y sale por la salida. Hay distintas formas de entrar y salir. Pero al final todos salen. Algunas personas lo hacen a fin de probar nuevas posibilidades y otras para ahorrar tiempo. Otras porque mueren. No queda nadie. En mi apartamento no hay nadie, aparte de mí. Y siempre noto la ausencia de los que se han marchado. Las palabras que pronunciaron, sus alientos, las canciones que susurraron, las veo flotar como polvo en cada rincón de mi apartamento.


Al amanecer, mientras contemplaba absorto la Luna, me pregunté hasta cuándo seguiría así. Dentro de poco me encontraré en alguna parte con otra mujer, me dije. Nos atraeremos de forma natural, como dos astros errantes. Entonces volveremos a esperar en balde un milagro, perderemos el tiempo, desgastaremos nuestros corazones y nos despediremos. ¿Hasta cuándo iba a seguir así?

También recordé el pequeño bar al que iba con mi difunto amigo. Solíamos pasar allí las horas muertas. Pero, si lo pienso bien, creo que fue el tiempo más sustancial de mi vida. Es extraño. Me acordé de la vieja música que ponían. Éramos universitarios. Fumábamos y tomábamos cervezas.
Necesitábamos un sitio así. Hablábamos de todo un poco, pero no recuerdo exactamente de qué.
Sólo recuerdo que hablábamos de diferentes temas.
Él está muerto.
Se murió cargando con todo.
Entrada y salida.


Lo cierto, sin embargo, era que estaba muy solo. Nada me ataba a nadie. El problema era mío. Estoy intentando recuperarme a mí mismo, me decía, pero no estoy atado a nadie.
¿Cuándo había sido la última vez que había amado de verdad a alguien?

Se veía a primera vista que era el típico profesional del negocio hotelero. Me he encontrado con personajes así en varias ocasiones por trabajo. Son tipos peculiares. Por lo general, siempre sonríen, y pueden esgrimir sonrisas de veinticinco clases distintas. Existe la cortés sonrisa sarcástica, y la sonrisa de satisfacción contenida en su justa medida. De las sonrisas posibles, perfectamente graduadas en una escala que va del 1 al 25, utilizan una u otra en función de las circunstancias, como si fueran palos de golf.

—Lo que quiero decir es que el dolor se vuelve crónico. Engullido por la vida diaria, uno deja de saber cuáles son las heridas. Pero están ahí. Así son las heridas: no se pueden coger y mostrar; las únicas que se pueden mostrar son heridas menores.

Me dolían las sienes. Fui a la cocina y me serví otro trago. Todo yo temblaba. La montaña rusa volvió a ponerse en marcha ruidosamente. Todo está conectado, había dicho el hombre carnero.
Todoestáconectado, reverberó mi pensamiento.
Diversas cosas empezaban a conectarse.

—Ya tenemos más de treinta años. Todos tenemos que madurar, nos guste o no —dije yo.
—Tienes razón. Antes creía que me haría mayor poco a poco, año tras año —dijo Gotanda con la mirada clavada en mis ojos—. Pero no. Uno se hace adulto de golpe y porrazo.

Ella seguía escuchándome sin dejar de sonreír. Pero en realidad no me prestaba atención. Era como hablar con una pared. Sencillamente, se sentía sola y quería que alguien le hiciera el amor. Y ese día me tocó a mí. Suena terrible, pero es así. Ella no es como tú o como yo. Para ella la soledad es algo de lo que cualquiera puede librarla. Basta con que alguien lo haga y punto, no va más allá. 

Tuve un mal presentimiento. El caballo estaba muerto y los tambores indios habían enmudecido. Todo estaba demasiado silencioso. Me rasqué la sien.

Obviamente, yo no tenía ni idea de qué camino tomaría Yuki. Todo ser humano alcanza su cúspide, cada uno a su manera. Una vez que ha ascendido, no le queda más remedio que bajar. Nadie sabe dónde está esa cúspide. Uno se pregunta si todavía no la ha alcanzado y, de pronto, ya has cruzado la divisoria. Nadie lo sabe. Unos la alcanzan a los doce años y luego arrastran una vida insulsa. Otros no paran de ascender toda su vida. Otros aún mueren en la cúspide. Muchos poetas y compositores viven a merced de una furiosa racha de viento, y ascienden a tales alturas que no logran sobrepasar la treintena. Pero otros, como Pablo Picasso, siguen pintando con intensidad cumplidos los ochenta años.
¿Y yo?, me pregunté.
La cúspide, pensé. ¿La habré alcanzado ya?, me pregunté. Si miro atrás, me parece que apenas he vivido. Pequeñas vicisitudes. Altibajos. Sólo eso. No he creado nada. He amado y he sido amado, pero ya no queda nada. Un paisaje extrañamente llano y monótono. Es como si caminara dentro de un videojuego. Como el Pac-Man. Engullo una línea de puntos dentro de un laberinto. Lo único seguro es que un día tendré que morir.

Sacó otro cigarrillo, lo encendió, le dio una calada y lo dejó en el cenicero. Imaginé que se olvidaría de él, y eso fue lo que pasó. Me sorprendió que nunca hubiera provocado un incendio. Ahora comprendía lo que Makimura quiso decir cuando me explicó que vivir con ella había desgastado su vida y su talento. Ame era de esas personas que no daban, que no ofrecían. Todo lo contrario: necesitaba ir tomando algo de cada persona que la rodeaba. Sin embargo la gente no podía evitar ser generosa con ella. Y es que su talento tenía una poderosa capacidad de absorción. Y ella se creía con derecho a comportarse así. Armonía y tranquilidad: todo el mundo debía esforzarse para que ella las alcanzara.


—No debí hacerlo —le dije—. Tenía que haberme negado y haberle pedido que se marchase. Pero estaba cansado y la cabeza no me respondió. Soy un tipo con muchos defectos. Los defectos suelen conducir a errores. Pero aprendo de ellos. Procuro no cometer el mismo error dos veces. Aun así, a veces tropiezo con la misma piedra. ¿Por qué? Es muy fácil: por mi idiotez y porque no soy perfecto. Entonces me doy asco. Y procuro no cometer por tercera vez el mismo error. Aunque sea poco a poco, voy mejorando. Algo es algo.

En fin, lo que quiero decir es que la necesidad se crea artificialmente. Es un montaje. Te generan la ilusión de que necesitas lo que nadie necesita. Un espejismo. Es muy sencillo. Basta con bombardearte: hay que vivir en Minato; si te compras un coche, tiene que ser un BMW; y el reloj que sea un Rolex. Se repite el mismo mantra una y otra vez. Y todos lo acaban creyéndoselo: hay que vivir en Minato; si te compras un coche, tiene que ser un BMW, y el reloj que sea un Rolex. Algunos creen que con esas cosas logran diferenciarse de los demás. Piensan que son diferentes. No se dan cuenta de que, comportándose así, acaban siendo como todos los demás. Les falta imaginación. Todas esas cosas son artificiales. Mera fantasía. Yo estoy harto de todo eso. Estoy harto de esta clase de vida. Quiero llevar una vida normal. Pero es imposible. La agencia me tiene bien cogido. Para ellos soy como una muñeca con la que jugar a vestirla. Como tengo deudas, no puedo rechistar. Si les digo que quiero hacer tal cosa, no me hacen caso.

—¿Qué puedo hacer? —dijo al cabo de un rato.
—No tienes que hacer nada —le dije—. Sólo guardarte para ti aquello que no se puede expresar con palabras. Por cortesía hacia los muertos. Con el tiempo entenderás muchas cosas. Lo que tenga que permanecer, permanecerá; lo que no, no permanecerá. El tiempo soluciona la mayor parte de las cosas. Lo que no pueda solucionar el tiempo, lo solucionarás tú. ¿Te resulta muy difícil de entender lo que digo?

Contar con la posibilidad de la autodestrucción era lo único que le permitía seguir adelante. Pero no duraría siempre. En algún momento tenía que abrir la puerta y salir. Él lo sabía. Tan sólo aguardaba la ocasión.

Maldije el mundo. Lo maldije de corazón, intensamente. El mundo estaba lleno de muertes absurdas que dejaban un regusto amargo. Me sentía impotente frente a todo eso y estaba manchado por la mugre del mundo de los vivos. La gente llegaba por la entrada y se iba por la salida. Los que se marchaban no regresaban jamás. Observé mis propias manos. El olor de la muerte me impregnaba las palmas. Esos olores «no desaparecen por mucho que me las lave. Nunca desaparecerán», había dicho Gotanda.
Dime, hombre carnero, ¿es así como uno se vincula a tu mundo? ¿Voy a poder conectarme con tu mundo a través de toda esta muerte sin fin? ¿Qué más voy a perder? Quizá ya nunca sea feliz, como me dijiste. No me importa. Pero esto no, esto es demasiado horrible.
De pronto recordé un libro sobre ciencia que había leído de pequeño. Una de las secciones se titulaba: «¿Qué sería del mundo sin fricción?». «Sin fricción», explicaba el libro, «la fuerza centrífuga de rotación diseminaría por el espacio todo lo que hay sobre la Tierra.» Así me sentía yo.
¡Cucú!, dijo Mei.

Yumiyoshi, no me dejes más solo de lo que estoy, le rogué. Te necesito. No quiero seguir solo. Sin ti, siento que una fuerza centrífuga me va a arrojar hacia la otra punta del cosmos. Te lo pido por favor: déjame ver tu cara, sujétame. Quiero que me sujetes al mundo real. No quiero unirme al Club de los Fantasmas. Soy un tipo de treinta y cuatro años como cualquier otro. Te necesito.

Yumiyoshi dormía profundamente entre mis brazos. Pero a mí me era imposible conciliar el sueño. Dentro de mi cuerpo no había ni una pizca de sopor. Estaba tan despierto como un pozo seco. Abrazaba su cuerpo envolviéndolo suavemente. De vez en cuando, lloraba en silencio. Lloré por todo lo que había perdido y por lo que me quedaba por perder. En realidad sólo lloré un poquito. El cuerpo de Yumiyoshi era suave, marcaba el tiempo cálidamente entre mis brazos. Y el tiempo daba forma a la realidad. Al cabo de un rato amaneció. Alcé la cabeza y contemplé cómo las agujas del despertador sobre la mesilla de noche se movían despacio al compás del tiempo real. Avanzaban lenta, muy lentamente. El cálido aliento de Yumiyoshi me humedecía la parte interna del brazo.

Mar

Mar

I

El mar, me mira, me llama, me desea. Yo como pez quiero ir a navegar, yo como humano sé que moriré tan pronto lo toque. No quiero despegarme de él, de su movimiento, de su furia.

II

Me gusta nadar, preferiblemente lo hago entre alcohol y anfetaminas. Y cuando nado todas las ilusiones del amor se convierten vida/muerte. Cuando se roza el borde del angustioso mar se alcanzan los instantes de la felicidad.

III

A veces veo a los hombres alados y supongo que prefieren el aire al agua, pero yo me quedo con el mar, ¿cómo se puede saber que la realidad es hermosa si no se navega en ella?. Así es que voy nadando en ella, en sus estados, y me desboco en todo lo que pueda. Para mí es mejor aprender a ser un hombre-tiburón que un triste colibrí.

El club de la pelea - Palaniuk & Fincher (Apuntes Libro y Pelicula)

El club de la pelea - Palaniuk & Fincher (Apuntes Libro y Película)


Libro Palaniuk


Si sabes dónde mirar, hallarás por todas partes cuerpos enterrados.

Las palabras de Tyler van saliendo por mi boca. Y yo, que antes era una persona encantadora.

Es acojonante ver en el club de lucha a tíos como el mecánico. Tipos fibrosos que nunca se relajan. Luchan hasta hacerse picadillo. Tipos de piel blanca como esqueletos hundidos en cera amarilla, con tatuajes; tipos oscuros como la cecina. Suelen sentirse muy unidos, igual que los miembros de Alcohólicos Anónimos. Nunca dicen basta. Es como si fueran todo energía; se mueven tan rápido que sus siluetas se difuminan; siempre se están recuperando de algo. Como si la única decisión que les quedara por tomar fuera la forma de morir y quisieran morir luchando. Tipos como éstos sólo pueden luchar entre sí.

Tal vez la autosuperación no sea la respuesta. Tyler nunca conoció a su padre. Tal vez la autodestrucción sea la respuesta

En ese instante te deformas e hinchas. Durante ese instante nada importa. Mira a las estrellas y habrás desaparecido. Nada importa; ni tu equipaje ni tu mal aliento. Las ventanillas son oscuras por fuera y las bocinas se desgañitan a tu alrededor. Las luces parpadean cegándote: largas y cortas y largas, y nunca tendrás que volver a trabajar. Nunca tendrás que volver a cortarte el pelo.

Ya. El asombroso milagro de la muerte. Eres un ser vivo que habla y camina y, al minuto siguiente, eres un ser inerte.

Las pistolas se limitan a encauzar la explosión en una sola dirección.

Hay un tipo de mujeres y de hombres jóvenes y fuertes que quieren dar sus vidas por una causa. La publicidad hace que compren ropas y coches que no necesitan. Generaciones y generaciones han desempeñado trabajos que odiaban para poder comprar cosas que en realidad no necesitan. Nuestra generación no ha vivido una gran guerra ni una gran crisis, pero nosotros sí que estamos librando una gran guerra espiritual. Hemos emprendido una gran revolución contra la cultura. La gran crisis está en nuestras vidas. Sufrimos una crisis espiritual. Nuestro deber es enseñar a esos hombres y mujeres la libertad a través de la esclavitud; y el coraje a través del miedo. Napoleón se jactaba de que podía conseguir que sus hombres dieran la vida por los jirones de una bandera. Imagínate cuando convoquemos una huelga y todos se nieguen a trabajar hasta que redistribuyamos la riqueza del mundo. Imagínate cazando alces por los bosques húmedos del cañón cercano a las ruinas del Rockefeller Center.

No eres tu triste billetera.

Veo a Dios tras su despacho, tomando notas en un bloc, pero Dios se ha equivocado de parte a parte. No somos especiales. Tampoco somos escoria o basura. Simplemente, somos. Somos y ya está, y lo que pasa, simplemente pasa.

Y Dios dice: —No, eso no es cierto.

Sí, vale. Lo que quiera. A Dios no se le puede enseñar nada.

Aquel viejo refrán de <<siempre se mata lo que más se quiere>>, bueno, mira, funciona en ambas direcciones.


Película Fincher:

Dame un balazo y pinta las paredes con mi sesos.

Veo en el club a los hombres más fuertes y listos que han vivido. Veo un gran potencial. Y veo desperdiciado. Toda una generación bombeando gasolina, atendiendo mesas... o de esclavos en oficinas. La publicidad nos manda tras autos y ropa, a trabajos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos medianos de la historia, sin un propósito ni lugar. No tenemos una Gran Guerra, una Gran Depresión. Nuestra gran guerra es espiritual. Nuestra gran depresión son nuestras vidas. Nos han criado viendo la televisión y creyendo que un día seremos millonarios y estrellas de cine y de rock. Pero, no es así. Y lentamente nos estamos dando cuenta. Y estamos, muy, muy enfurecidos. 

Me daban ganas de matar a todos los pandas que se negaran a tener sexo para salvar a su especie. 
Quería abrir buques cisterna e inundar de petróleo las playas francesas que nunca veré. 
Quiero respirar humo. 

Llegar al fondo no es un retiro de dos semanas, ni un seminario. 

Yo soy la vida malgastada de Jack. 
Soy el sentido enfurecido de rechazo de Jack. 
Soy el corazón roto de Jack. 

El auto mejoramiento es masturbación, pero la auto-destrucción...

De La Brevedad De La Vida - Séneca (Apuntes)

De La Brevedad De La Vida - Séneca (Apuntes)

Les acosan y asedian vicios por todas partes y no les dejan levantarse ni alzar los ojos a la contemplación de la verdad. Los empujan para hundirlos y sujetarlos en sus ansias, nunca se les permite recurrir a sí mismos. Si alguna vez acaso les toca en suerte algún descanso, como en mar profundo en el que incluso tras la ventolera sigue el balanceo, sobrenadan agitados y jamás para ellos hay descanso de sus ansias.

Todo como mortales lo teméis, todo como inmortales lo anheláis.

¡Qué tarde es empezar a vivir justamente cuando hay que dejarlo!

Nunca el sabio se rebajará a términos tan bajos, nunca estará medio prisionero, siempre gozará de entera y real libertad, suelto y dueño de sí mismo y puesto por encima de los otros.

Toda la vida hay que estar aprendiendo a morir

Cada cual acelera su vida y padece añoranzas del futuro y hastío del presente.

Todo ya se conoce, todo ya se ha experimentado hasta la saciedad; del resto, que la pura suerte disponga como quiera.

Ése no navegó mucho, sino que lo han zarandeado mucho.

Como que es fácil administrar lo positivo aunque sea escaso; hay que guardar con mayor cuidado aquello que no sabes cuándo habrá de faltarte.

Nadie te restituirá esos años, nadie de nuevo te devolverá tu propia persona.

Todas las cosas venideras quedan en la incertidumbre: vive de inmediato.

La vida se divide en tres momentos: el que ha sido, el que es, el que será. De ellos, el que ahora recorremos es corto, el que vamos a recorrer es dudoso, el que hemos recorrido es seguro.

Es propio de una mente tranquila y serena recorrer todas las etapas de su propia vida; los espíritus de los atareados, como puestos bajo un yugo, no pueden darse la vuelta y mirar atrás.

Por eso, cuando a la sazón llegue el último día, el sabio no dudará en ir al encuentro de la muerte con paso decidido.

Los únicos entre todos que están desocupados son los que dedican su tiempo a la sabiduría.

De manera que la vida del sabio se extiende mucho; a él no lo encierran los mismos limites que a los otros; es el único que se ve libre de las leyes del género humano; todas las épocas como a un dios le prestan servicio. Que algún momento ya pasó: lo posee mediante el recuerdo. Que es inminente: lo aprovecha. Que habrá de llegar: lo toma de antemano. Larga vida le otorga la reunión de todos los momentos en uno solo.

Pierden el día aguardando la noche y la noche temiendo el alba.

No faltarán hombres de cabal honradez y laboriosidad incansable; tan buenos para llevar carga son los lentos mulos como los nobles caballos, pero ¿quién abruma alguna vez con pesados sacos los sueltos andares de un caballo de raza?

Con gran disimulo ocultaban un mal que sólo en sus entrañas se escondía, sin duda con razón, pues ciertos males hay que curarlos sin que se enteren los enfermos: ha sido causa de muerte para muchos el conocer su propia enfermedad.

En esta clase de vida te aguardan muchas habilidades nobles, el amor y la práctica de las virtudes, el olvido de los deseos, la ciencia de vivir y morir, un hondo descanso de todo.

Les dura más tiempo el deseo de trabajar que la capacidad; combaten contra la flaqueza del cuerpo, a la propia vejez no la consideran pesada por ningún concepto si no es porque los pone aparte

Llaman al suicidio eulogos exagoge, que quiere decir «la salida razonable». La muerte voluntaria es, pues, para ellos un acto de razón. La buena muerte (euthanasia) es un don de los dioses y la muerte más humana.

El hombre valeroso y sabio no debe huir de la vida a la carrera y atropelladamente, sino más bien salir de ella despacio y con elegancia.

Des-Arte

Des-Arte

Si vas a hablar de poesía,
háblame de penes y sangre,
de nuevas vidas,
de cielos vivos,
de sexo muerto,
de saliva.
Si vas a hablarme de poesía,
dame un instante de sorpresa,
de vida,
en vez de hablar de amor y muerte
y lágrimas
y demás supermercados del arte.

Batalla

Batalla

La Abeja Reina escapa
Fuera de mis pantalones
Vuela hasta tu vientre
Abraza tu saliva.
Escupe su veneno
hasta enamorarse de nuevo.

Atlas

Atlas

Soy el Hombre/Dios
que sostiene al mundo
y en su interior
encuentro la ausencia
que se entrega al verso

Sabiduria

Sabiduría

El pájaro-cucaracha se asoma al cielo,
hace mucho tiempo dejó de creerse sabio.
Piensa en sus hijos,
nacieron casi muertos,
no sobrevivieron
su maternidad radiactiva.

Deja su vaso de trago,
quiere aletear un rato,
con cucarachas obscenas
o pájaras finas,
pero la noche solo trae
plantas carnívoras.

Sigue bebiendo,
para pasar la noche
y al llegar a la curda
se va a la cama.

De Negro

De Negro

Miro a las mujeres doradas
Pero no me interesan
Ni sus senos de plumas muertas
Ni sus caderas de sirenas

Estoy enamorado de la muerte
y le escribo a ella
Por eso entrego mis visceras
a las mujeres piraña

Andan cerca,
me miran,
me pierdo en sus cuencas
no siento sueño.

La rabia palpita
en el corazón/semilla
y se expele el silencio
con lágrimas de pájaros.

Ejercicio creativo del infame

Ejercicio creativo del infame

De la soledad al fracaso, de mis versos a los fríos manicomios. De la soltura a la tentación y viceversa juega el destino que versa sobre el fondo de la soltura. Del fracaso hago manicomios en la fría soledad del verso. De mi alma palpitante que se vuelve regodeante y que no concibe estar sin una anfetamina delirante. De mi boca, calamitosa, que se envuelve entre vergas como bocas. En mi entrepierna que late en forma de costilla poseo el don de orador-violador. De mí sol-edad salen versos que convierten fracasos en manicomios regodeantes de anfetaminas calamitosas de oraciones inconclusas acerca del amor.

Acto Poetico (VI): Hibris

Acto Poetico (VI): Hibris

Yo vivo enamorado de todo. De la sonrisa que mata y de la belleza que entristece. De los domingos que son extraños y alguien nuevo sale de su cuenca y el día se hace oscuro para que la luna llena lama monstruos de color madera. Miles de estrellas en ese momento estallan por locura, amor y desamor. Me enamoro del amigo imaginario que alguna vez tuve cuando pequeño. de las vueltas del ciclomotor que anda por el parque a las cuatro del medio día. 

En realidad todo esto lo escribo para decirte que vivo enamorado de vos.

Plataforma - Michel Houellebecq (Apuntes)

Plataforma - Michel Houellebecq (Apuntes)

Sí, pensó Midge, eso es la desesperación. Algo glacial, un frío y una soledad infinitos. Hasta entonces, nunca había entendido que la desesperación era fría; siempre la había imaginado ardiente, vehemente, violenta. Pero no. La desesperación era eso: un abismo sin fondo de oscuridad helada, de intolerable soledad. Y el pecado de desesperación del que hablaban los sacerdotes era un pecado frío, que consistía en aislarse de cualquier contacto humano, cálido y vivo.

El caso es que a partir de los veinticinco o treinta años a la gente no le resultan nada fáciles los encuentros sexuales nuevos; y sin embargo siguen necesitándolos, es una necesidad que se desvanece muy despacio. Así que se pasan treinta años de su vida, casi toda su edad adulta, en un estado de carencia permanente.

Eso es lo maravilloso de ti: te gusta dar placer. Lo que los occidentales ya no saben hacer es precisamente eso: ofrecer su cuerpo como objeto agradable, dar placer de manera gratuita. Han perdido por completo el sentido de la entrega. Por mucho que se esfuercen, no consiguen que el sexo sea algo natural. No sólo se avergüenzan de su propio cuerpo, que no está a la altura de las exigencias del porno, sino que, por los mismos motivos, no sienten la menor atracción hacia el cuerpo de los demás. Es imposible hacer el amor sin un cierto abandono, sin la aceptación, al menos temporal, de un cierto estado de dependencia y de debilidad. La exaltación sentimental y la obsesión sexual tienen el mismo origen, las dos proceden del olvido parcial de uno mismo; no es un terreno en el que podamos realizarnos sin perdernos. Nos hemos vuelto fríos, racionales, extremadamente conscientes de nuestra existencia individual y de nuestros derechos; ante todo, queremos evitar la alienación y la dependencia; para colmo estamos obsesionados con la salud y con la higiene: ésas no son las condiciones ideales para hacer el amor. En Occidente hemos llegado a un punto en que la profesionalización de la sexualidad se ha vuelto inevitable. Desde luego, también está el sadomaso. Un universo puramente cerebral, con reglas precisas y acuerdos establecidos de antemano. A los masoquistas sólo les interesan sus propias sensaciones, quieren saber hasta dónde pueden llegar por el camino del dolor, un poco como los aficionados a los deportes extremos. Los sádicos son harina de otro costal, siempre van lo más lejos que pueden, quieren destruir: si pudieran mutilar o matar, lo harían.

Si hay que pagar por la sexualidad, es mejor que sea, en cierta medida, una sexualidad indiferenciada. Como todo el mundo sabe, una de las primeras cosas que la gente experimenta cuando entra en contacto con otra raza es esa indiferenciación, esa sensación de que todo el mundo, poco más o menos, se parece físicamente. El efecto se desvanece al cabo de unos meses de estancia, y es una pena, porque corresponde a una realidad: en el fondo, los seres humanos se parecen muchísimo. Sí, se puede distinguir entre hombres y mujeres, y si se quiere, entre edades diferentes; pero cualquier distinción más exhaustiva responde en cierto modo a la pedantería, y probablemente al aburrimiento. La gente que se aburre fomenta distinciones y jerarquías, es uno de sus rasgos característicos. Según Hutchinson y Rawlins, el desarrollo de los sistemas de dominación jerárquica en el seno de las sociedades animales no corresponde a ninguna necesidad práctica, a ninguna ventaja selectiva; simplemente es un medio para luchar contra el aplastante aburrimiento de la vida en plena naturaleza.

Mujeres – Bukowski (Apuntes)

Mujeres – Bukowski (Apuntes)

Hay un problema con los escritores. Si lo que había escrito un escritor se publicaba y vendía mucho, muchos ejemplares, el escritor pensaba que era magnífico. Si lo que había escrito un escritor se publicaba y vendía un número aceptable de ejemplares, el escritor pensaba que era magnífico. Si lo que había escrito se publicaba y vendía poco, pensaba que era magnífico. Si lo que había escrito nunca se publicaba y no tenía dinero suficiente para publicárselo él mismo, entonces pensaba que era, más que magnífico, genial. La verdad, sin embargo, es que había muy poca magnificencia. Era prácticamente inexistente, invisible. Pero podías estar seguro de que los peores escritores eran los que más confiaban en sí mismos, los que menos dudas tenían. De cualquier manera, los escritores eran seres que había que evitar, y yo trataba de evitarlos, pero era casi imposible. Pretendían que existiera una especie de hermandad, de unidad. Ninguno de ellos tenía nada que hacer con la literatura, ninguno podía ayudar a la máquina de escribir.

Cogí mi botella y me fui al dormitorio. Me quité los calzones y me eché en la cama. Nada estaba en armonía. La gente sólo abrazaba a ciegas lo que se le pusiese delante: comunismo, comida natural, zen, surfing, ballet, hipnotismo, terapia de grupo, orgías, paseos en bicicleta, hierbas, catolicismo, adelgazamiento, viajes, psicodelia, vegetarianismo, la India, pintar, escribir, esculpir, componer, conducir, yoga, copular, apostar, beber, andar por ahí, yogurt helado, Beethoven, Bach, Buda, Cristo, jugo de zanahorias, suicidio, trajes hechos a mano, viajes en jet, Nueva York, y de repente todo ello se evaporaba y se perdía. La gente tenía que encontrar cosas que hacer mientras esperaba la muerte. Supongo que estaba bien poder elegir.

Pensé en las rupturas, lo difíciles que eran, pero normalmente sólo cuando rompías con una mujer podías encontrar otra. Tenía que probar mujeres para llegar a conocerlas bien, entrar en ellas. Podía inventarme personajes masculinos porque yo era uno, pero las mujeres para mí eran casi imposibles de ficcionalizar sin antes conocerlas. Así que las exploraba lo mejor que podía y encontraba dentro de ellas seres humanos. Entonces me olvidaba de la literatura, el hecho de escribir se quedaba en segundo término y a mí me poseía el episodio en sí. Cuando se acababa, la literatura era el residuo que quedaba de ello. Un hombre no necesitaba tener una mujer para sentirse real, pero no estaba mal conocer unas cuantas. Así, cuando el asunto se ponía mal, podía sentir lo que de verdad significaba sentirse solo y enloquecido, y así podía saber qué es lo que debería aportar cuando llegase el propio final.

Acabé la copa y luego me bebí lo que quedaba de la botella. Estaba en Playa del Rey. Me desnudé, dejando mi ropa en un montón descuidado sobre el sofá. Nunca había sido un elegante. Mis camisas estaban todas gastadas y deshilachadas, viejas de cinco o seis años, pasadas de moda. Lo mismo ocurría con mis pantalones. Odiaba las tiendas de ropa, odiaba a los empleados, actuaban como seres superiores, parecía que conocieran el secreto de la vida, tenían confidencias que yo desconocía. Mis zapatos estaban siempre viejos y rotos, también me disgustaban las zapaterías. Nunca compraba nada hasta que no tenía más remedio que sustituirlo, y eso incluía los automóviles. No era una cuestión de ahorro, simplemente no podía aguantar la idea de ser un comprador necesitando un vendedor, un vendedor siempre tan guapo, sabio y superior. Aparte, te robaba tiempo, tiempo que podías utilizar haraganeando o bebiendo.

Bebí otro vino. Me había preparado para aclarar las cosas y salir del embrollo. Ahora tenía que tragármelo entero. Me sentía cada vez peor. La depresión, el suicidio a menudo eran motivados por una falta de dieta adecuada. Pero yo había estado comiendo bien. Recordé los viejos tiempos, viviendo de una barra de caramelo al día, enviando relatos escritos a mano al Atlantic Monthly y a Harper's. En todo lo que pensaba era en comer. Si el cuerpo no se alimentaba, la mente también agonizaba. Pero ahora, en cambio, había estado comiendo condenadamente bien, y bebiendo buen vino. Eso quería decir que lo que ahora pensaba era probablemente lo cierto. Todo el mundo se imaginaba a sí mismo especial, privilegiado, excepcional. Hasta un viejo y feo jorobado regando un geranio en su porche. Yo me había imaginado a mí mismo especial porque había salido de las fábricas a los cincuenta años y me había hecho un poeta. Mierda caliente. Así que me cagaba en todo el mundo igual que todos los patrones y capataces se habían cagado en mí cuando estaba indefenso. Al final venía a ser lo mismo. Era un podrido y jodido borracho consentido con una fama muy menor.

Puerta

Puerta

Soy el gran Minotauro
que ha contemplado la alegría en la espiral.
Soy el lobo lento
que caza al minúsculo coyote

Desde este lugar
siento lo radioactivo.
El aire adormece los pulmones
y sonrío por inercia.

Hace tiempo que vivo de noche,
no he querido volver a ver la luz.
He comprendido que toda claridad
proviene de la ilusión.

El amanecer de los tiempos (De las cartas de Nicholas Stanock) [Apuntes Libro de Tribu Colmillos Plateados - MdT]

El amanecer de los tiempos
De las cartas de Nicholas Stanock

Denominamos de varias formas a la primera edad: el amanecer de los tiempos, primavera, La Edad de Oro… pero en las oscuras realidades del presente, muchos homínidos, incluso unos pocos lupus consideran al amanecer de los tiempos algo un tanto irreal. En mi mente, aún bullendo con el elixir del Pájaro de Fuego, la primera edad es más real que otro tiempo. El universo nació con estruendo y furia. Helios, Gaia y todos los demás Primigenios crearon la vida y asumieron la posición de los Dioses. Aunque de esta época no puedo confirmar nada, hay miles de mitos sobre la creación, y ninguno parecer ser más o menos valido para mis experiencias en las deidades primigenias.

Mis primeros recuerdos claros son de finales de la Edad de Oro. Todavía era el amanecer, pero el aroma de la muerte flotaba en el aire. Una inmensa oscuridad rodeaba a Gaia, quizá fuese el Wyrm, o incluso una maldad más antigua; mi mente todavía nada entre sus memorias. La dolorosa negrura desgarraba la carne de Gaia, y bestias repugnantes borboteaban de sus incontables heridas; pero Gaia no estaba indefensa. Los grandes Señores Animales atacaron a las abominaciones con zarpas, pezuñas y garras. La oscuridad continuó con su ataque a pesar de esto y Gaia creció débil. Un viento vil y frio violó su jardín sagrado, robando su espíritu, ocultándolo en la guarida de este ser bajo el Vientre del Mundo.

Los animales de Gaia se alzaron esta vez para salvarla. Aunque Lobo fue despreciado. Los otros animales lo llamaron <<chucho mestizo>> y lo apartaron de su fiesta guerrera. Dejando a Lobo atrás, los animales atacaron a la oscuridad en su guarida bajo las raíces de Yggdrasil, el árbol del mundo.

La oscuridad los engulló por completo y los escupió en las costas del Vientre del Mundo. Incluso después de esta derrota, los otros animales le prohibieron a Lobo el ayudarles. Finalmente accedieron obedecer el consejo del Señor Halcón y dejaron que el Lobo lo intentase, ¿qué más podían perder? Lobo entró sigilosamente en el Vientre del mundo, pero en vez de atacar a la Gran Oscuridad se ocultó en sus propias sombras y observó sin ser descubierto.

La Gran Oscuridad hizo cantar a Gaia drenando su esencia. Con cada nota llena de pesar Gaia sucumbía un poco más a la Oscuridad. Incluso la misma Muerte rondaba cerca con ansia, pues no todos los días muere un mundo entero.

Al fin, absorta en sus locas pasiones, la Oscuridad se despreocupó de lo que la rodeaba. Entonces Lobo saltó de su escondite y clavó sus mandíbulas en el amargo corazón de la criatura. El aullido de la Oscuridad resonó en todo el Vientre del Mundo y conmovió la tierra sobre la que se encontraban los animales. Aunque forcejeó y chirrió sin cesar, la Oscuridad no pudo zafarse de las mandíbulas de acero de Lobo. Al final, temiendo por su vida, la Oscuridad liberó a Gaia. Lobo murió mientras veía como ella se alejaba. 

Estuvo cazando en los tenebrosos reinos de la Muerte durante largo tiempo. Luego, un día, la Muerte habló con él diciéndole:
“Aunque has pasado aquí largas estaciones, ni un solo día ha transcurrido en el reino de Gaia. Tal es su pesar por tu muerte que ni siquiera yo puedo retenerte en contra de su voluntad. Pocos han entrado en las Tierras de la Sombra y han salido vuelto a los reinos de la luz, aunque cuando esto ocurre, las leyes del destino me obligan a concederle un don a los resucitados.”

La Muerte le mostró a Lobo el Jardín de los Secretos, pero con una orden: “Coge solo un capullo entre tus dientes y no lo sueltes hasta tu próximo aliento en el regazo de Gaia”.

Lobo siguió sus instrucciones y el jardín fantasma desapareció suavemente en el calor del Vientre del Mundo. Entonces Lobo respiró de nuevo en aquella extraña y desconocida costa, una criatura renacida.

Los otros animales se maravillaban con las hazañas de Lobo. Su piel se había vuelto de un blanco níveo y Gaia dijo: “Lobo murió para que la vida continuase. Así pues, el conocerá el Secreto de Gaia y el Secreto de la Muerte”. Lobo guardó estos secretos, pasándolos solo a los más sabios de su progenie.

Ampliación del campo de batalla - Michel Houellebecq (Apuntes)

Ampliación del campo de batalla - Michel Houellebecq (Apuntes)

La escritura no alivia apenas. Describe, delimita. Introduce una sombra de coherencia, una idea de realismo. Uno sigue chapoteando en una niebla sangrienta, pero hay algunos puntos de referencia. El caos se queda a unos pocos metros. Pobre éxito, en realidad.

En resumen, puedo considerarme satisfecho con mi estatus social. En el plano sexual, por el contrario, el éxito no es tan deslumbrante. He tenido varias mujeres, pero durante periodos limitados. Desprovisto tanto de belleza como de encanto personal, sujeto a frecuentes ataques depresivos, no respondo en modo alguno a lo que las mujeres buscan de forma prioritaria. Por eso siempre he sentido, con las mujeres que me abrían sus órganos, una especie de leve reticencia; en el fondo yo apenas representaba para ellas otra cosa que un remedio para salir del paso. Lo cual no es, como reconocerá cualquiera, el punto de partida ideal para una relación duradera.

Llega al centro de su tesis. Nuestra civilización, dice, padece un agotamiento vital. En el siglo de Luis XIV, cuando el apetito por la vida era grande, la cultura oficial enfatizaba la negación de los placeres y de la carne; recordaba con insistencia que la vida mundana solo ofrece satisfacciones imperfectas, que la única fuente verdadera de felicidad está en Dios. Un discurso así, afirma, no se podría tolerar ahora. Necesitamos la aventura y el erotismo, porque necesitamos oírnos repetir que la vida es maravillosa y excitante, y está claro que sobre esto tenemos ciertas dudas.

Uno siempre puede cortarse la polla, pero ¿Cómo se olvida la vacuidad de una vagina?

He vivido tan poco que tengo tendencia a pensar que no voy a morir; parece inverosímil que una vida humana se reduzca a tan poca cosa; uno se imagina, a su pesar, que algo va a ocurrir tarde o temprano. Craso error. Una vida puede muy bien ser vacía y a la vez breve. Los días pasan pobremente, sin dejar huella ni recuerdo; y después, de golpe, se detienen. Otras veces tengo la impresión de que conseguiría instalarme de forma estable en una vida ausente. Que el hastío, relativamente indoloro, me permitiría seguir llevando a cabo los gestos habituales de la vida. Nuevo error. El hastío prolongado no es una posición sostenible: antes o después se transforma en percepciones claramente más dolorosas, de un dolor positivo; es exactamente lo que me está pasando.

Grande es el deseo de amor en el hombre, hunde sus raíces hasta profundidades asombrosas, y sus múltiples raicillas se afincan en la materia misma del corazón. A pesar de la avalancha de humillaciones que constituía su vida cotidiana, Brigitte Bardot tenía esperanzas y esperaba. Probablemente, sigue teniendo esperanzas y esperando. En su lugar, una víbora ya se habría suicidado. Los hombres no temen a nada.

A este amable opositor le contestaré que la adolescencia no solo es una etapa importante de la vida, sino que es la única etapa en la que se puede hablar de vida en el verdadero sentido del término. Los atractores pulsionales se desenfrenan en torno a los trece años y luego disminuyen poco a poco, o más bien se resuelven en modelos de comportamiento que a fin de cuentas solo son fuerzas petrificadas. La violencia del estallido inicial hace que el resultado del conflicto pueda ser incierto durante muchos años; es lo que se llama, en electrodinámica, un régimen transitorio. Pero poco a poco las oscilaciones se vuelven más lentas, hasta convertirse en ondas anchas, melancólicas y dulces; a partir de ese momento ya está todo dicho, y la vida ya no es más que una preparación a la muerte. Lo cual puede expresarse de forma más brutal y menos exacta diciendo que el hombre es un adolescente disminuido.

No pude contestarle, claro; pero volví al hotel bastante pensativo. Definitivamente, me decía, no hay duda de que en nuestra sociedad el sexo representa un segundo sistema de diferenciación, con completa independencia del dinero; y se comporta como un sistema de diferenciación tan implacable, al menos, como este. Por otra parte, los efectos de ambos sistemas son estrictamente equivalentes. Igual que el liberalismo económico desenfrenado, y por motivos análogos, el liberalismo sexual produce fenómenos de empobrecimiento absoluto. Algunos hacen el amor todos los días; otros cinco o seis veces en su vida, o nunca. Algunos hacen el amor con docenas de mujeres; otros con ninguna. Es lo que se llama la “ley de mercado”. En un sistema económico que prohíbe el despido libre, cada cual consigue, más o menos encontrar su hueco. En un sistema sexual que prohíbe el adulterio, cada cual se las arregla, más o menos, para encontrar su compañero de cama. En un sistema económico perfectamente liberal, algunos acumulan considerables fortunas; otros se hunden en el paro y la miseria. En un sistema sexual perfectamente liberal, algunos tienen una vida erótica variada y excitante; otros se ven reducidos a la masturbación y la soledad. El liberalismo económico es la ampliación del campo de batalla, su extensión a todas las edades de la vida y a todas las clases de la sociedad. A nivel económico, Raphael Tisserand está en el campo de los vencedores; a nivel sexual, en el de los vencidos. Algunos ganan en ambos tableros; otros pierden en los dos. Las empresas se pelean por algunos jóvenes diplomados; las mujeres se pelean por algunos jóvenes; los hombres se pelean por algunos jóvenes; hay mucha confusión, mucha agitación.

La noticia de su muerte no sorprendió del todo a nadie en la Asamblea Nacional; allí era conocido, sobre todo, por las dificultades que tenía para comprarse una cama. Había decidido la compra hacía meses; pero no conseguía concretar el proyecto. Por lo general, la gente contaba la anécdota con una leve sonrisa irónica; sin embargo no es cosa de risa; comprarse una cama, en nuestros días, presenta sin duda considerables dificultades, y hay motivos para llegar al suicidio. Para empezar hay que prever la entrega y por lo tanto, en general, tomarse medio día libre, con todos los problemas que eso conlleva. A veces los repartidores no aparecen, o bien no consiguen subir la cama por la escalera, y uno corre el riesgo de tener que pedir otra media jornada libre. Estas dificultades se reproducen con todos los muebles y aparatos electrodomésticos, y la acumulación de preocupaciones que se derivan de esta situación puede ya desquiciar seriamente a un ser sensible. Pero, entre todos los muebles, la cama plantea un problema especial y doloroso. Si uno no quiere perder el respeto del vendedor está obligado a comprar una cama doble, aunque no le vea la utilidad y tenga o no sitio para ponerla. Comprar una cama individual es confesar públicamente que uno no tiene vida sexual, y que no cree que la tendrá en un futuro ni cercano ni lejano (porque las camas, en nuestros días, duran mucho tiempo, mucho más que el periodo de garantía; es cosa de cinco, diez, incluso veinte años; es una seria inversión, que compromete prácticamente durante el resto de la vida; las camas duran, por término medio, mucho más que los matrimonios, la gente lo sabe perfectamente). Incluso si compras una cama de 140 pasas por pequeño burgués mezquino y tacaño; a ojos de los vendedores, la cama de 160 es la única que vale la pena comprar; y entonces mereces su respeto, su consideración, incluso una ligera sonrisa de complicidad; sólo te dan estas cosas con la cama de 160.

Veronique estaba “en análisis”, como suele decirse; ahora me arrepiento de haberla conocido. Hablando en general, no hay nada qué sacar de las mujeres en análisis. Una mujer que cae en manos de un psicoanalista se vuelve inadecuada para cualquier uso, lo he comprobado muchas veces. No hay que considerar este fenómeno un efecto secundario del psicoanálisis, sino simple y llanamente su efecto principal. Con la excusa de reconstruir el yo los psicoanalistas proceden, en realidad, a una escandalosa destrucción del ser humano. Inocencia, generosidad, pureza… trituran todas estas cosas entre sus manos groseras. Los psicoanalistas, muy bien remunerados, pretenciosos y estúpidos, aniquilan definitivamente en sus supuestos pacientes cualquier aptitud para el amor, tanto mental como físico; de hecho, se comportan como verdaderos enemigos de la humanidad. Implacable escuela de egoísmo, el psicoanálisis ataca con el mayor cinismo a chicas estupendas pero un poco pérdidas para transformarlas en putas innobles, de un egocentrismo delirante, que solo suscitan un legítimo desagrado. No hay que confiar, en ningún caso, en una mujer que ha pasado por las manos de los psicoanalistas. Mezquindad, egoísmo, ignorancia arrogante, completa ausencia mora, incapacidad crónica para amar: éste es el retrato exhaustivo de una mujer “analizada”.

Tengo que decir que Veronique coincidía, punto por punto, con esta descripción. La quise tanto como pude; lo cual representa mucho amor. Ahora sé que derroche ese amor para nada; habría hecho mejor rompiéndole ambos brazos. No cabe duda de que ella tenía desde siempre, como todas las depresivas, disposición al egoísmo y la falta de ternura; pero el psicoanálisis la transformo de forma irreversible en una verdadera basura, sin tripas ni conciencia; un desperdicio envuelto en papel satinado. Recuerdo que tenía un tablón blanco donde solía apuntar cosas del tipo “guisantes” o “planchado”. Una tarde, al volver de la sesión, anoto esta frase de Lacán: “Cuanto más desagradable seas, mejor irán las cosas.” Sonreí; y me equivocaba. En aquella fase, la frase no era más que un programa; pero Veronique iba a aplicarla punto por punto.

Fenómeno raro, artificial y tardío, el amor solo puede nacer en condiciones mentales especiales, que pocas veces se reúnen, y que son de todo punto opuestas a la libertad de costumbres que caracteriza la época moderna. Veronique había conocido demasiadas discotecas y demasiados amantes; semejante modo de vida empobrece al ser humano, infligiéndole daños a veces graves y siempre irreversibles. El amor como inocencia y capacidad de ilusión, como aptitud para resumir el conjunto del otro sexo en un solo ser amado, rara vez resiste un año de vagabundeo sexual, y nunca dos. En realidad, las sucesivas experiencias sexuales acumuladas en el curso de la adolescencia minan y destruyen con toda rapidez cualquier posibilidad de proyección de orden sentimental y novelesca; poco a poco, y de hecho bastante deprisa, se vuelve uno tan capaz de amar como una fregona vieja. Y desde ese momento uno lleva, claro, una vida de fregona; al envejecer se vuelve menos seductor, y por lo tanto amargado. Uno envidia a los jóvenes, y por lo tanto los odia. Este odio, condenado a ser inconfesable, se envenena y se vuelve cada vez más ardiente; luego se mitiga y se extingue, como se extingue todo. Y solo quedan la amargura y el asco, la enfermedad y esperar la muerte.

El domingo por la mañana salí un rato por el barrio; compré una barra de pan con uvas. El día era tibio, pero un poco triste, como suele ser el domingo en París; sobre todo cuando uno no cree en Dios.

La noche del 31 de diciembre va a ser difícil. Siento que se están rompiendo cosas dentro de mí, como paredes de cristal que estallan. Ando como un león enjaulado, rabioso; necesito actuar, pero no puedo hacer nada, porque todas las tentativas me parecen condenadas al fracaso de antemano. Fracaso, fracaso por todas partes. Sólo el suicidio resplandece en lo alto, inaccesible.

Fin de semana sin novedades; duermo mucho. Me asombra tener sólo treinta años; me siento mucho más viejo.

El segundo incidente se produjo cerca de una hora más tarde. Esta vez, el despacho estaba lleno de gente. Entró una chica, lanzó una mirada desaprobadora a los reunidos y al final decidió dirigirse a mí para decirme que fumaba demasiado, que era insoportable, que desde luego no tenía la menor consideración con los demás. Le repliqué con un par de bofetadas. Ella me miró, desconcertada. Desde luego, no estaba acostumbrada; yo me temía que no hubiera recibido suficientes bofetadas cuando era pequeña. Por un momento me pregunté si me las iba a devolver, sabía que si lo hacía me echaría a llorar de inmediato. Hubo una pausa y después ella dijo: “Bueno…”, con la mandíbula inferior colgando tontamente. Para entonces todo el mundo se había vuelto a mirarnos. Se hizo un gran silencio en el despacho. Yo me doy la vuelta despacio y exclamo hacia el foro, en voz muy alta: “¡Tengo cita con un psiquiatra!” y me voy. Muerte de un ejecutivo.

Ante esas herramientas manchadas de sangre siento cada vez, con todo detalle, los sufrimientos de la víctima. Al cabo de un rato tengo una erección. En la mesilla de noche tengo unas tijeras. La idea me obsesiona: cortarme el sexo. Imagino las tijeras en la mano, la breve resistencia de la carne, y de pronto el muñón sanguinolento, el probable desmayo. El muñón en la moqueta. Bañado de sangre. A eso de las once me vuelvo a despertar. Tengo dos pares de tijeras, uno en cada habitación. Los cojo y los coloco encima de unos libros. El deseo persiste, crece y se transforma. Esta vez mi idea es coger unas tijeras, hundírmelas en los ojos y arrancármelos. Para ser exactos en el ojo izquierdo, en ese sitio que conozco bien, donde parece tan hueco en su órbita. Y luego tomo calmantes, y todo se arregla. Todo se arregla.

Algunos seres experimentan enseguida una aterradora imposibilidad de vivir por sus propios medios; en el fondo no soportan ver su vida cara a cara, y verla entera, sin zonas de sombra, sin segundos planos. Estoy de acuerdo en que su existencia es una excepción a las leyes de la naturaleza, no solo porque esta fractura de inadaptación fundamental se produce aparte de cualquier finalidad genética, sino también a causa de la excesiva lucidez que presupone, lucidez que trasciende claramente los esquemas perceptivos de la existencia ordinaria. A veces basta con colocarles otro ser delante, a condición de suponerlo tan puro y transparente como ellos mismos, para que esta insoportable fractura se convierta en una aspiración luminosa, tensa y permanente hacia lo absolutamente inaccesible. Así pues, como un espejo que devuelve día tras día la misma imagen desesperante, dos espejos paralelos elaboran y construyen una red límpida y densa que arrastra al ojo humano a una trayectoria infinita, sin límites, infinita en su pureza geométrica, más allá del sufrimiento y del mundo.”

Por ejemplo, una bala de una Mágnum del 45 puede rozarme la cara e incrustarse en la pared que tengo detrás; yo saldré ileso. En caso contrario, la bala destrozará la carne, el dolor físico será considerable; tendré el rostro mutilado; tal vez el ojo también estalle, y en ese caso seré mutilado y tuerto; desde ese momento inspiraré repugnancia a los demás hombres. Hablando más en general, todos estamos sometidos al envejecimiento y a la muerte. Estas nociones de vejez y de muerte son insoportables para el individuo; se desarrollan soberanas e incondicionales a nuestra civilización, ocupan progresivamente el campo de la conciencia, no dejan que en ella subsista nada más. Así, poco a poco, se establece la certeza de que el mundo es limitado. El mismo deseo desaparece; solo quedan la amargura, los celos y el miedo. Sobre todo, queda la amargura; una amargura inmensa, inconcebible. Ninguna civilización, ninguna época han sido capaces de desarrollar en los hombres tal cantidad de amargura. Desde este punto de vista, vivimos tiempos sin precedentes. Si hubiera que resumir el estado mental contemporáneo en una palabra yo elegiría, sin dudarlo, amargura.

De vez en cuando me detengo al borde de la carretera, me fumo un cigarrillo, lloro un poco y vuelvo a pedalear. Me gustaría estar muerto. Pero “hay un camino que recorrer, y hay que recorrerlo”.

Sonrisa

Sonrisa

Algo muerto nace de mi vientre
y se esconde en tus pupilas.
Te siento respirar
y me pregunto si debo irme,
o morir,
o gritar para que me escuches,
aunque ya no me escuchas.
las alondras ya no me escuchan.


Y me rodeo de esqueletos cada otoño,
danzo mientras mis estaciones terminan
y la cabra murmulla
que la luna amarilla está arriba
y que hay que sonreír,
pero solo muestro mis dientes,
cuando como la carne descompuesta
que me dejaste en la nevera
al pie de la cerveza,
y me acabo
como la hoja que cae al suelo,
y la savia ya no toca
tus jorobas tan toronjas
y mientras tú estás lejos
paseando tus caricias
lejos de mis pupilas
de arado
entre tubérculos y maderas
yo quiero creer que el amor es una papa
y que puedo lamer cada orilla de este desierto
creado en mí
por ti
pero la ilusión se va desgastando
porque estás a mil kilómetros
aspirando rayas
de felicidad blanca
y escuchando los patos
graznar contra la luna amarilla
mientras yo perezco aquí en otoño
tratando de unir cada pestaña rota
cada pato hembra
cada cabra asexual
y cada tallo congelado.

Tú pensarás que ando loco
pero no estoy loco,
solo desesperado,
de esperar que la tormenta
de huesos y melocotones
pase a mejor vida
y los vientres muertos
que reposan en mi espalda tensa
se amalgaman
y no estoy roto,
solo desesperado
enfermo,
lleno de pases de cortesías
a las anfetaminas
que se pasean con los patos zombies.
que miran la luna amarilla

Y sigo construyendo puentes
de costillas
e inviernos
y a veces quiero 
irme suicidando,
con otros rugidos que no sean tuyos
con los pequeños soliloquios
que se esconden en la caja cuadrada
mientras miro el multiverso
con mis pupilas de chico suicida.

Bitacora de Pez (13-Pez-2015)

Bitácora de Pez (13-Pez-2015)

Generalmente tenemos problemas con pedir lo que nos pertenece. Pensamos que no deben darnos nada a menos que sea un regalo, pero es malo que lo pidamos. Hace unos días, para mis cumpleaños, quise probar algo diferente dentro de mi vida: pedirle al universo que me dé lo que yo realmente quiero. Bloqueé el muro de Facebook para que no me pudieran escribir y coloqué un estado diciendo que no deseaba palabras sino actos medidos en invitaciones. Muchas personas me comentaron el texto diciendo que con mucho gusto me invitaban, otras me escribieron por interno y me convidaron a alguna cosa, e inclusive (y eso lo adoré mucho) otros me dijeron que aunque no tenían dinero me deseaban un feliz cumpleaños. De esta acción pude concluir que las personas también están dispuestas a darme una alegría, que inclusive muchas me aprecian a pesar de mi ingratitud y otras cualidades negativas (muy negativas) que tengo, y que cuando alguien quiere acercarse, se acerca realmente sin importar las situaciones. Pasados algunos días, algunos me escribieron por interno que no me habían dicho nada porque puse ese mensaje, que inclusive yo no me preocupaba por las palabras sino solo por recibir. Y me dio tristeza, mucha tristeza de que se me acuse de desear algo que me merezco. Por otro lado una amiga que adoro muchísimo me dijo que no tenía nada, que le daba pena, y le dije que realmente era la mujer que más adoro actualmente en este planeta como amiga, y es verdad. Igual, la conclusión es simple. Pidamos todos lo que merecemos, así no obtengamos, pero seguro que el universo está escuchando y responderá tarde o temprano.

Necrofilia - Panero

Necrofilia - Panero

(prosa)

El acto del amor es lo más parecido
a un asesinato.
En la cama, en su terror gozoso, se trata de borrar
el alma del que está,
hombre o mujer,
debajo.
Por eso no miramos.
Eyacular es ensuciar el cuerpo
y penetrar es humillar con la
verga la
erección de otro yo.
Borrar o ser borrados, tando da, pero
en un instante, irse
dejarlo
una vez más
entre sus labios.


"Poesía" 1970 - 1985

Urbanidad

Urbanidad


Posiblemente usted sea mejor persona,
de aquellos que son capaces de darle un puesto a una embarazada,
o dar limosna,
y no comer carne,
e inclusive tenga esas y otras cualidades juntas.

Lo entiendo, hasta lo aplaudo.
Yo solo soy un ser humano,
que no piensa en darle el puesto a la embarazada
diferente al señalado por la norma
porque no vive de mi lástima,
que no piensa en dar limosna
porque no permito que alguien viva a costillas de mi generosidad,
que come carne
porque me gusta,
y que tengo mil y un defectos,
que no escondo con una sonrisa hipócrita.


Y usted
pensara que soy mezquino,
posiblemente sea una de mis mejores cualidades.
y yo pensaré que usted desea cambiar el mundo,
sin haber considerado que no se cambian personas
sin haber aceptado antes a todas.

Diario de una novela - Chuck Palahniuk (Apuntes)

Diario de una novela - Chuck Palahniuk (Apuntes)


Uno se puede suicidar de mil formas distintas sin morirse de verdad.

Todo el mundo sufre su propio tipo de coma.

Eran de esa clase de artistas que hacen que todo parezca fácil. Lo importante es que hay gente que tiene talento pero que la mayoría de la gente no lo tiene. La mayoría de la gente tocamos nuestro techo sin gloria y sin beneficios extra. La gente como la pobre Misty Mane son tontos cortitos y medio retrasados, pero no lo bastante como para conseguir plaza en el aparcamiento de minusválidos. Ni para ganar nada en los Special Olympics. Pagan impuestos como la gente normal pero no consiguen el menú especial en la brasería. Nada de cubículo extragrande en los lavabos. Nada de asiento especial en la parte delantera del autobús. Nada de lobby político.

La mierda es un cliché estético

Sonrió con media cara igual que había sonreído Peter. con el aspecto de alguien que se está riendo del hecho de que tiene cáncer. Con cara de tener delante un pelotón de fusilamiento integrado por payasos con armas de verdad.

Lo que no te enseñan en la clase de teoría del arte es que un elogio demasiado grande puede doler más que una bofetada en la cara.

Es muy duro olvidar el dolor, pero es más duro todavía recordar la dulzura. La felicidad no nos deja cicatrices. Apenas aprendemos nada de la paz.

Trans-Generacion

Trans-Generación

He aquí la generación en la que nos hemos convertido: 

Somos los creyentes de dioses oscuros que no sabemos dilucidar un rito de un verso tecnológico. Nos embriagamos en nombre del nihilismo y nos alimentamos con la sangre de aquellos que nos son condescendientes. Somos los nacidos del amor, pero criados en las tinieblas; nuestra vestimenta lleva siempre algo de negro para asistir a los mejores funerales. Hace mucho tiempo dejamos de ser renegados porque nos adaptamos a la sociedad, nos domesticaron con alcohol, sexo y drogas; trabajamos en múltiples empleos para pagar la boleta de un concierto. Conocemos a los hijos de Caín, que le piden a papá y mamá para comprar maquillaje. Conocemos a los Jonkies virtuales que se toman una selfie con el libro sin destapar. Que cada cual lea lo que le es propicio. Tememos a la autoayuda, pero la necesitamos cada cinco minutos para no caer en el pozo de la tristeza, como luciérnagas ciegas. Todos son estúpidos, menos nosotros; gracias al autocorrector podemos pertenecer a la Academia. La música no importa salvo que sea underground, o que sea mundialmente conocida. Retomamos lo clásico y lo convertimos en actualidad, como un pequeño fénix hecho de mierda. Somos los oscuros que sonreímos mientras el flash de nuestras cámaras lo permitan, mientras la virtualidad nos mantenga conectados a la vida.

Amor (I)

Amor (I)

Nos han hecho creer que el amor es algo perteneciente solo a nuestras ideas. Los heterosexuales (si es que existen) mencionan que el amor entre dos personas del mismo sexo no se puede dar. La mujer que parió a una criatura, piensa que nadie puede amar a ese ser más que solamente ella. Muchos critican que una persona diga un "te amo" al inicio de una relación, seguramente porque ellos no lo han hecho. Los religiosos aman a su propio ser invisible, creado a su imagen y semejanza, más que a su prójimo (amor por convicción). Los Defensores de los animales aman a los peces en una pecera más que al mendigo que limosnea en la calle (argumentan que la naturaleza no puede defenderse del hombre y que todos los humanos somos malvados, mientras ven una noticia de un tsunami). Los niños aman a su maestra y le llevan manzanas, aunque es mal visto que las maestras amen a los niños. Se ama más a un equipo que a una vida. Inclusive, se ama más a una cerveza que a una familia. Y así, los ejemplos pueden continuar, amando solo a lo que consideramos que se debe amar y opinando de lo que NO queremos amar. Tenga en cuenta que el amor salva, cura, deja al ser humano expuesto frente al otro. El amor embota y co/rompe los sentidos, atraganta la garganta, vanagloria, sobrevalora, he inclusive vuelve a salvar.

Ahora, para el siguiente ejercicio le propongo que deje su mentalidad limitada y entienda que todo ser humano puede amar sin importar la forma, razón, condición y que el amor se debe dar de una forma sencilla, sin peros y trabas, amando y DEJANDO AMAR a quienes deseen: Acérquese a la primera persona que esté en su ambiente familiar, educativo, laboral, profesional, callejero... ahora, abrácelo.

Percepcion

Percepción

No, Marco, no eres la gran cosa, no eres la persona que va a cambiar al universo solo por querer ser diferente. Que no y no alegues, no eres la gran persona que dices ser, deja la idea de que estás loco, solo lo dices porque llevas una ropa extraña y unos cuantos aretes. Posiblemente cuando empieces a escuchar las voces y a ver las alucinaciones te vas a cagar del susto, o te desconectarás como lo hacen muchos. Me recuerdas a aquellos satanistas que decían ser los más abominables, pero se quedaban de piedra cuando se movían las velas y los espíritus aparecían. Mira, cuando pienses en locura y antes de decir que eres loco, solo por el hecho de cometer algunos actos estúpidos, por favor, antes de eso ve al sanatorio y mira cómo se comporta "El Paranoico" o cómo se comporta "La esquizofrénica" y después sí promulga a los cuatro vientos que sufres de locura. La locura es una carga, una maldición, otro punto de vista que se carga fuera de lo común, y aunque esté de moda ser un ser fuera de lo común, a algunos nos gustaría dejar esta mierda quieta y dejar de sentirnos únicos por un rato, ¿crees que es bonito sentirse observado todo el tiempo? La suerte de unos es la envidia de otros. ¿Crees que todo se resuelve cantando en la lluvia?... eso no es estar loco, eso es ser ingenuo. Entonces, Marco, no... Definitivamente no estás loco, estás es simplemente pasando por una mala racha... Cállate y no bromees más con lo que no puedes asumir sin realmente entenderlo.

Hilos

Hilos

Del multiamor,
el desamor.
De la letra,
la enfermedad.
De la muerte, la felicidad.
De la angustia, la sangre.
De la ironía, la misantropía.
Del carisma, la ineptitud.

De la mente,
la incapacidad.
Y del silencio,
el crecimiento.

Ingratitud

Ingratitud

La ingratitud me reta, me supera y me llena. Dicen que el hombre es solo una frontera desierta a la luz de la vela, sombrío navío que vaga sin daga en la espiral de la no-paz. Me recuerdan como indumentario de mi propio sinnombre y calzado con las ávidas pavadas que le otorgan la letra a quienes la escriben con sangre. Ingrato, ingrato he sido y planeo seguirlo siendo, pues el viento no tiene ordenanza y el agua no encuentra placer al quedarse quieta.

Soy ingrato entre los demás por no saludar una hipocresía o por dejar pasar lo que sucede a mi alrededor, pero supongo que ellos son más ingratos por no imaginar los mundos realmente habitables, y dejar permanecer las mariposas muertas dentro de sus tripas. Soy ingrato entre los poetas por escupir a la poesía e ingrato entre los cuentistas por no querer encontrar el final perfecto. Con mis amigos soy más ingrato porque no soy capaz de permanecer en un sitio mucho tiempo y en mis decisiones no busco agradecer. Pero más ingrato de camino, el tiempo es el consuelo del perezoso y el anhelo del que nunca enfrenta.

Totalidad

Totalidad

El trasboco de la luna amarilla
hace que mi saliva sea dorada
y mi sangre serpentee
entre mi cuerpo/vasija.
Soy mitad entero
y entero a la mitad.

Dividido entre océanos
cada viento lleva mi nombre
y cada espora
toda mi existencia.
Siendo un entero completo
cuando me encuentro en un verso.

Explicacion teologica del amor

Explicación teológica del amor

Y si el amor fuera
de cortarse las vena
y quitarse la piel,
yo sería un esqueleto,
y mis pies de miel
contendrían el secreto.

BogoJam

BogoJam

La letra era sangre,
la sangre era música,
la música volaba,
y el volar era música,
y la música era sangre,
y la sangre era letra.

Poetica del pez globo

Poética del pez globo

De su útero nació una sombra.
Y de la sombra un humano/dios.
que huele a placenta en sus 30 años,
y a ceniza iluminada y fértil.

Cuando pequeño, fui semilla muerta,
emboscado entre las plantas,
y mi nombre se ocultó entre la huerta
entre las blancas mantas
Después fui fundido/imbuido
entre el libro de la noche.

Ahora soy solo un viejo/joven
que no sabe mucho de la vida
y tengo espinas
y boca de piraña
y sonrisa muerta
que el gran pez me otorgó.

DEL ESCRITOR (IV)

DEL ESCRITOR (IV)

Escribir como sociedad para sentirse individual, escribir como demente para encontrar la cordura y con minusvalía coronaria para encontrar el miembro perdido. Escribir por escribir trasbocando palabras en vez de sangre, escribiendo con ajenjo para envenenar la realidad y no demacrarse ante el todo. Poner letra seguida de otra letra, con fuerza, con brío, procurando no ser borrado por la historia. Porque el arte de escribir no es solo trasbocar pero exige una concentración similar a la que se tiene en ese instante para no romperse la cabeza contra el inodoro por cada sacudida.

Escribir, escribir, escribir.

Ave

Ave

La poesía es amalgama de inciertos,
veneno, tragedia,
asesinos
que corroen la tragicomedia.

Al entenderla,
la perla
se llora, se sangra
se quiebra
se enhebra 
se desangra
al lamerla,
al entenderla 

Mas pobre del poeta
que sufre anemia,
y su alegría
es escueta.
Y sangra 
y desangra
alrededor de todo
lo deseado.

DEL ESCRITOR (III)

DEL ESCRITOR (III)

Escribo sobre la destrucción, la guerra, la peste y la muerte; describo la violación que sufrimos por los jinetes del apocalipsis, aún antes de arribar a la tierra. No escribo respecto al miedo, escribo aferrándome a él, porque no hay otra forma de resolver la angustia interna salvo aceptándola. Escribo con tinta escarlata todo lo referente al artista, porque la violencia encierra arte y el arte encierra a la violencia. Nací con la necesidad de eyacular palabras en contra de la inefabilidad. Es el credo que escogí cuando acepte ser un sádico culto. Este el dogma que recibí de la sacra sociedad caníbal en la que habito. Es lo que deseo por ahora. Otro día, posiblemente, callaré.

Pequeño Poema Infinito - Federico García Lorca (Un poeta en Nueva York)

Pequeño Poema Infinito - Federico García Lorca (Un poeta en Nueva York)
Equivocar el camino
es llegar a la nieve
y llegar a la nieve
es pacer durante veinte siglos las hierbas de los cementerios.

Equivocar el camino
es llegar a la mujer,
la mujer que no teme la luz,
la mujer que mata dos gallos en un segundo,
la luz que no teme a los gallos
y los gallos que no saben cantar sobre la nieve.

Pero si la nieve se equivoca de corazón
puede llegar el viento Austro
y como el aire no hace caso de los gemidos
tendremos que pacer otra vez las hierbas de los cementerios.

Yo vi dos dolorosas espigas de cera
que enterraban un paisaje de volcanes
y vi dos niños locos que empujaban llorando las pupilas de un asesino.

Pero el dos no ha sido nunca un número
porque es una angustia y su sombra
porque es la guitarra donde el amor se desespera,
porque es la demostración de otro infinito que no es suyo
y es las murallas del muerto
y el castigo de la nueva resurrección sin finales.

Los muertos odian el número dos
pero el número dos adormece a las mujeres
y como la mujer teme la luz
la luz tiembla delante de los gallos
y los gallos sólo saben volar sobre la nieve
tendremos que pacer sin descanso las hierbas de los cementerios.

                                Nueva York, 10 de enero de 1930.