Sonrisa

Sonrisa

Algo muerto nace de mi vientre
y se esconde en tus pupilas.
Te siento respirar
y me pregunto si debo irme,
o morir,
o gritar para que me escuches,
aunque ya no me escuchas.
las alondras ya no me escuchan.


Y me rodeo de esqueletos cada otoño,
danzo mientras mis estaciones terminan
y la cabra murmulla
que la luna amarilla está arriba
y que hay que sonreír,
pero solo muestro mis dientes,
cuando como la carne descompuesta
que me dejaste en la nevera
al pie de la cerveza,
y me acabo
como la hoja que cae al suelo,
y la savia ya no toca
tus jorobas tan toronjas
y mientras tú estás lejos
paseando tus caricias
lejos de mis pupilas
de arado
entre tubérculos y maderas
yo quiero creer que el amor es una papa
y que puedo lamer cada orilla de este desierto
creado en mí
por ti
pero la ilusión se va desgastando
porque estás a mil kilómetros
aspirando rayas
de felicidad blanca
y escuchando los patos
graznar contra la luna amarilla
mientras yo perezco aquí en otoño
tratando de unir cada pestaña rota
cada pato hembra
cada cabra asexual
y cada tallo congelado.

Tú pensarás que ando loco
pero no estoy loco,
solo desesperado,
de esperar que la tormenta
de huesos y melocotones
pase a mejor vida
y los vientres muertos
que reposan en mi espalda tensa
se amalgaman
y no estoy roto,
solo desesperado
enfermo,
lleno de pases de cortesías
a las anfetaminas
que se pasean con los patos zombies.
que miran la luna amarilla

Y sigo construyendo puentes
de costillas
e inviernos
y a veces quiero 
irme suicidando,
con otros rugidos que no sean tuyos
con los pequeños soliloquios
que se esconden en la caja cuadrada
mientras miro el multiverso
con mis pupilas de chico suicida.