Peregrinar

Peregrinar

En cinco minutos la luna rugirá
y me hablará de tu vientre liviano,
de tu cadera como montaña rusa,
de tus ojos cafés llenos de anfetaminas.
Después se pondrá en posición fetal
cuando le cuente lo que he soñado,
diré tu nombre lleno de hielo,
nacerá en mi pecho águilas blancas
que se estrellarán contra las rocas
y volverán a nacer, como furias,
como maldiciones de una boca gitana.
Recordaremos tus caderas,
la luna las conoce,
el vaivén de tu pelvis
consagrado al infierno.