Mandragora (V)

Mandrágora

Toda mujer es peligrosa: provienen del infierno y buscan alimento en la tierra, han aprendido a cazar hombres y a moverse sigilosamente mientras sisean. Antes de venir por estos lares ya sabían hacer fuego, bebían sangre de gatos y tenían orgías con demonios. Orfeo realmente fue a buscar a su esposa a la casa, Dante nos lo advirtió en el canto XV de su divina comedia.

Por otra parte, todo hombre viene del cielo y se pierde buscando la redención. Por lo tanto ¿Qué es lo que nos puede deparar a los hombres salvo el sufrimiento en forma placentera dentro de los brazos femeninos? ¿Cómo poder esquivar todo el dolor que puede ser implantado por ellas?

Mientras tanto, cada día caen cuerpos reventados por mujeres, y la calle se embadurna de la sangre que brota de los hombres no amados.

Movimiento

Movimiento

Todo es movimiento. Desde la caída de la hoja del árbol hasta el silencio que se extiende mientras dos personas rompen sus intestinos con sus ojos. Todo, todo absolutamente es movimiento... y todos nos plagamos de ideas para no movernos. Creemos en un Dios que nos detiene, o en un destino que no aparece. Creemos en la madre esperanza como si ella definiera nuestras ilusiones, o en la vida como si ella nos proveyera de solo momentos de alegría. Pero el puñal nos rompe las costillas y aprendemos a vivir fracturados, a sentir al prójimo entre nuestras costillas, a no negarnos un "te extraño" así no lo reciban, a despedazar el viento con nuestros gritos de guerra, porque las costillas nos aclaman y nos susurran al oído: "somos eternos, somos eternos".