De aquellos vestidos de piyama

De aquellos vestidos de piyama

No, no estás loco mijo. No necesitas proclamar a los cuatro vientos que te sientes loco, que eres un hijo del demonio, que no puedes seguir las reglas impuestas porque simplemente ya lo estás haciendo. Verás, cuando te autodenominas loco estás perteneciendo al grupito social de los que hacen lo mismo. Aparte, ¿has considerado que proclamar la locura es como ponerse zapatos de colores anaranjados y esperar que los demás te distingan por eso? Seguramente lo harán campeón, pero sería mejor que muestres tu verdadera cara y no la que has creado para sentirte diferente, la de niño chiquito pidiendo atención por medio de frases estúpidas e imágenes suicidas. SI todavía te quedan dudas, ve y miras un manicomio y después de eso dime si quieres asumir algún rol de los que encuentras allá...

Amor (VII)

Amor (VII)

Poco a poco, uno aprende que el amor no se trata de salvaguardarse en la primera palmera, ni que la pareja perfecta es aquella que no tiene imperfectos. Uno aprende a pedirle algo más que amor a la persona, pero tampoco desea que se muera en caso de que uno no esté. Aprende a ver a las personas por los actos valiosos y no solo por las capacidades que tiene, a recibir llamadas con un gracias y a contestarlas con un sincero hasta mañana. Aprende a ser directo y a poner los problemas sobre la mesa para darle la oportunidad de huir. Poco a poco uno aprende a apreciar la sonrisa de la vida y a buscar no solamente deseo en los ojos de quien habita el cuerpo. Uno aprende a estar solo, y a no retener compañías, sino lograr una real confianza y la felicidad no se vuelve un juego de promesas, sino un momento compartido, un abrazo furtivo, la voz de alguien a las doce de la noche, o el propósito de que cuando se vaya, nadie tenga que saltar de boca en boca para calmar la tristeza, sino que se forjen más caminos hacia el infinito.

Mandragora (V)

Mandrágora

Toda mujer es peligrosa: provienen del infierno y buscan alimento en la tierra, han aprendido a cazar hombres y a moverse sigilosamente mientras sisean. Antes de venir por estos lares ya sabían hacer fuego, bebían sangre de gatos y tenían orgías con demonios. Orfeo realmente fue a buscar a su esposa a la casa, Dante nos lo advirtió en el canto XV de su divina comedia.

Por otra parte, todo hombre viene del cielo y se pierde buscando la redención. Por lo tanto ¿Qué es lo que nos puede deparar a los hombres salvo el sufrimiento en forma placentera dentro de los brazos femeninos? ¿Cómo poder esquivar todo el dolor que puede ser implantado por ellas?

Mientras tanto, cada día caen cuerpos reventados por mujeres, y la calle se embadurna de la sangre que brota de los hombres no amados.

Movimiento

Movimiento

Todo es movimiento. Desde la caída de la hoja del árbol hasta el silencio que se extiende mientras dos personas rompen sus intestinos con sus ojos. Todo, todo absolutamente es movimiento... y todos nos plagamos de ideas para no movernos. Creemos en un Dios que nos detiene, o en un destino que no aparece. Creemos en la madre esperanza como si ella definiera nuestras ilusiones, o en la vida como si ella nos proveyera de solo momentos de alegría. Pero el puñal nos rompe las costillas y aprendemos a vivir fracturados, a sentir al prójimo entre nuestras costillas, a no negarnos un "te extraño" así no lo reciban, a despedazar el viento con nuestros gritos de guerra, porque las costillas nos aclaman y nos susurran al oído: "somos eternos, somos eternos".